Hay procesos que marcan un punto de inflexión, momentos en los que un sector decide dejar atrás el rezago, la fragmentación normativa y la improvisación, para entrar en una etapa distinta: la de los códigos claros, modernos y coherentes, escritos con ciencia, con evidencia, con participación y con visión de país.
El Código Colombiano de Protección Contra Incendios es uno de esos momentos, pues estamos Salvando Vidas desde la normatividad: Código Colombiano de Incendios.
Desde hace varios años, desde el gremio se viene trabajando alrededor de esta idea, y gracias a la constancia y trabajo, actualmente el país viene desarrollando esfuerzos para construir una norma nacional que incluya todas estas medidas de seguridad y protección contra incendios.
ANRACI abrió un espacio permanente en su sitio web donde empezó a documentar avances, reuniones, convocatorias y cada decisión del proceso. Ese archivo vivo —la categoría “Código de Incendios”— se convirtió en una especie de bitácora pública, transparente y pedagógica del camino recorrido. Allí aparecen desde los primeros artículos que explican por qué Colombia necesita un Código, hasta las crónicas de las reuniones oficiales del Comité CTN T‑623, las convocatorias de ICONTEC y los hitos académicos que han acompañado esta construcción colectiva.
Quien recorra esa sección encontrará piezas esenciales como:
Es una invitación abierta: quien quiera comprender, de verdad, la dimensión del proyecto puede explorar estos contenidos, reconstruir la historia y sentir cómo el país empezó a caminar hacia un estándar propio.
Que importante fue que ANRACI e ICONTEC firmaran el Convenio para el Fortalecimiento del Código de Incendios en Colombia, elemento clave para garantizar el apoyo logístico y técnico desde Anraci, coordinando la gestión del gremio en beneficio de la normalización.
El Comité T‑623, liderado por el ICONTEC, trabajó con una convicción clara: transformar el International Fire Code (IFC) en un documento profundamente colombiano, que conviva con nuestra normativa, hable nuestro lenguaje técnico y aborde nuestras realidades territoriales.
Entre abril y agosto, el Comité inició el estudio formal de la familia NTC 6760, una serie de normas que conformarán el futuro Código Colombiano de Incendios:
La decisión técnica fue decisiva: mantener la estructura del IFC, incluso dejando numerales reservados, para asegurar compatibilidad futura con versiones actualizadas.
Un gesto de rigor, pero también de visión: no construir un documento rígido, sino uno capaz de evolucionar con el tiempo, igual que lo hacen los códigos internacionales.
Mientras avanzaban los numerales, surgieron discusiones técnicas de enorme valor:
Cada debate era una pieza del rompecabezas: un Código internacional traducido no solo de idioma, sino de lógica y contexto, a la realidad de nuestro país.
El trabajo no se quedó en discursos:
Otro hecho extraordinario fue la composición del Comité: más de 600 miembros, empresarios, profesionales, entre bomberos, aseguradores, ingenieros, fabricantes, consultores, entidades públicas, laboratorios y organismos internacionales.
Cada reunión reunía voces distintas, pero un propósito común: elevar el estándar nacional en beneficio de todos. El país pocas veces había visto una mesa tan diversa hablando de incendios con tanta claridad técnica y tanta responsabilidad ética.
El Código aún no está terminado. Pero el país ya inició un camino que no tiene marcha atrás. Lo que antes eran esfuerzos dispersos hoy es una hoja de ruta nacional. Lo que antes era un anhelo gremial hoy es un proyecto técnico robusto.
Y lo que antes era un sueño —un código propio, moderno, transparente, aplicable en todo el territorio— hoy es una historia en construcción, escrita por quienes entienden que la protección contra incendios salva vidas.
La categoría “Código de Incendios” de ANRACI seguirá registrando cada capítulo.
El Comité T‑623 seguirá construyendo consenso, numeral por numeral.
Y Colombia, por primera vez, camina hacia un estándar que no solo regula, sino que educa, ordena, guía y transforma.
Porque un Código no es un libro. Es una promesa. Una promesa de un país más seguro. Una promesa escrita con técnica, con rigor y, sobre todo, con convicción.